13 de marzo de 2011

Ciencia, una historia de circunstancias

Para el primer post oficial de este Blog, decidí que lo mejor sería indagar en un tema que enmarque y brinde dirección a todos los demás posts (mios o de invitados) de este sitio. Lo estuve pensando algunos días y llegué a la conclusión que el paso lógico a seguir sería hablar sobre aquello que llamamos ciencia, conocimiento y algunas reflexiones acerca de la forma en que jerarquizamos a los anteriores. Palabras curiosas que al contrario del pensamiento popular son producto de mortales, gente que vivió, sintió y pensó de acuerdo a su época. Mi objetivo, al final de este escrito, será el crear mas puentes entre las distintas disciplinas e individuos que las representan. Todo esto, claro está, de una forma fácil y breve.

Pero mejor comencemos con un poco de reflexión histórica:

Cuando hablamos de ciencia en occidente, la mayoría de las ocasiones nos vienen a la mente ideas de progreso, revoluciones tecnológicas, la búsqueda de la verdad y la luz que esta nos traerá. Visiones estereotipadas de grandes genios en alguna industria química, grupos de especialistas dedicados a combatir el calentamiento global por medio del último avance en la tecnología ¿Y porqué no? Si esas son las imágenes que venden los medios.



Sin embargo, esta idea, tan difundida en la población alejada de la investigación y las bajas esferas dedicadas al diseño, manutención y producción de tecnología, parte de una serie de definiciones y posturas arraigadas en los bellos principios del Siglo XIX.

El término "científico", creado por William Whewell (Prominente historiador de las ciencias), surge debido a las necesidades del siglo, que buscando la forma de separar aquella disciplina general conocida como "filosofía natural" de el nuevo paradigma experimental positivista decide crear al nuevo héroe de la ciencia (sin designarlo nunca de esta forma). Este individuo, armado con el método y la capacidad para separar los fenómenos de la naturaleza en las partes mas pequeñas sería el encargado de traer la civilización, el progreso y los avances mas significativos para (en ese momento) el epítome de la creación.

La objetividad se creía posible y el único conocimiento verdadero era el obtenido a través de la experimentación continua, la medición minuciosa y el seguimiento de metodologías elaboradas. Las matemáticas se convirtieron en sinónimo de exactitud y los sucesivos inventos dieron al hombre esperanza. Se crearon categorías y divisiones. la ciencia comenzó a especializarse. Sin embargo, la ideología positivista se vió en un entredicho al enfrentarse a dos eventos con alta carga demoralizante, la primera y segunda guerra mundial. Cuestiones que después se agudizarían en el periodo conocido como "La Guerra Fría".



Este científico, que antes fuera el encargado de revolucionar los estilos de vida , y más importante, de reafirmar la idea de que todo tiempo futuro sería mucho mejor, ahora se encontraba solucionando las problemáticas de la denominada economía de guerra de su bando o patria. Armas, materiales, combustibles, comunicaciones. Todo debía ser resuelto en pos de la victoria o el nacionalismo.

Entonces entró la pregunta del siglo, ¿Será verdad que todo tiempo futuro es mejor? Creo que no, o al menos esa es mi opinión después de ver los grandes desastres ecológicos que hemos causado o los vacios existenciales que algunas prácticas tecnológicas han causado en una parte de los usuarios. Curiosamente, esta idea progresista está regresando a la ciencia, al menos a la ciencia que podríamos denominar mainstream, y con esto al imaginarium popular de los nucleos sociales (Aclaro, no a todos). Lo que nos ha llevado a la época actual, que si bien conserva muchos de los supuestos, métodos y vocabulario del siglo XIX ya no posee una fe ciega en el progreso impulsado en la ciencia, sino en el progreso impulsado por... LA Tecnología.

Como herederos de esta tradición, somos hijos de una ciencia basada en contradicciones, categorías arbitrarias, dicotomías (conocer el mundo en base a contrarios), exclusiones, sistematización de procesos, ilusión de progreso, superespecialización y sobre todo, contextos. No me malentiendan, no sufro de tecnofobia y mucho menos percibo al avance científico como producto de las fuerzas obscuras del hombre, simplemente considero que para llegar a entender aquello que llamamos ciencia necesitamos saber de que perspectivas se nutre y en que circunstancias llegó a fortalecerse.

Curiosa la situación de la ciencia en México. No todos somos especialistas en todo, pero parece que deberíamos serlo por la forma en que todo es criticado, digo, es triste saber que una gran parte de los expertos en los temas del saber humano se dedica a descalificar o a ridiculizar otras áreas del conocimiento o al público en general en vez de educar a la población en sus respectivas áreas de conocimiento. Tengo amigos ingenieros, médicos, licenciados en gastronomía, antropólogos (en todas sus variantes y corrientes), filósofos, educadores, cineastas, escritores, músicos, diseñadores, licenciados en comercio y administradores. Todas personas que quiero mucho y mas importante que ello, aprecio y considero sus habilidades particulares para resolver cuestiones específicas de aquella metaevolución que llamamos cultura. Entonces ¿Quieren poner jerarquías entre amigos y profesiones? Pues piénsenlo dos veces, que si bien varias de las profesiones mencionadas anteriormente no son consideradas como ciencias en la actualidad, podrían estar dejando a lado talentos espectaculares por culpa de su ego y una clasificación del siglo XIX.

A mi en lo personal me dieron mucha risa las guerritas en las redes sociales populares entre licenciados e ingenieros, que si bien había mucho juego y broma de por medio, también surgieron enemistades y pasiones que si bien son justificables, también limitadas en cuanto a visión histórica. Espero se pueda lograr el reconocimiento del esfuerzo de todos.

Para terminar este desarrollo, me gustaría dejar algunos puntos a manera de resumen y conclusión. De modo que podamos cerrar este capítulo con el mayor decoro posible.

  • La ciencia se ha retroalimentado a lo largo de su historia de los valores, perspectivas y necesidades de la sociedad en la cuál se desarrolla, por lo que conocer estos nos brindará un mejor entendimiento del devenir de esta. De la misma forma, considero necesario el estudiar nuestras condiciones y cosmovisiones actuales para conocer el estado actual de nuestras actividades encaminadas al conocimiento. El saber sin reflexión, lleva a supuestos un tanto peligrosos. Por que la ciencia, queridos lectores, también puede cegar. Todo depende que tanto estemos dispuestos a repensarnos con respecto a lo que sepamos.
  • Si bien la objetividad es complicada debido a nuestra propia existencia, eso no significa que no podamos mejorar o replantear nuestras formas de acercarnos a la realidad.
  • El conocimiento debe de ser público, por lo que su correcta divulgación debería ser parte de la labor científica del día a día. Una sociedad con mas conocimiento es una sociedad con mas herramientas de pensamiento.
  • Siguiendo el pensamiento de Edgar Morin (Ciencias de la complejidad), nuestros saberes, cada día más fragmentados debido a la tendencia a la superespecialización y a los juicios de valor sobre otras disciplinas, necesitan unos de otros. Mientras mejor trabajemos en conjunto tendremos mayores posibilidades de llegar a conocimientos holísticos. En otras palabras, que brinden la posibilidad de atacar a un problema desde diversos ángulos y teorías, lo que invariablemente refrescará nuestros campos de estudio.
  • ¿Deberíamos de dejar a un lado la creación de tecnología? No, no creo que nuestra tecnología sea el problema sino la forma en como la fabricamos y peor aún la velocidad en que la desechamos. Es mas, propongo dejemos a un lado la idea de que la tecnología es mesias y redentora. ¿O piensan seguirle dejando sus destinos a este tipo de "maravillas"?
  • Debo decir que la ciencia no me produce horrores y que yo mismo me dedico al quehacer científico, incluso a la investigación de campo. Sin embargo, tampoco temo el criticar sus alcances, métodos y su lugar en la sociedad. Se necesita una ciencia con menos fe en la tecnología y mas acción en el entendimiento.
A modo de conclusión, me gustaría dejar un pensamiento de cierto genio de la historia, que encontrándose de frente con la ciencia, fue llevado de la mano por las circunstancias de su tiempo. De joven "inútil" para las matemáticas, para después convertirse en refugiado de guerra debido su origen étnico para luego ser posibilitador de la física moderna y el armamento atómico. Al final, sus reflexiones de corte humanista y crítica social lo separaron del hombre de ciencia moderno para convertirlo en una personalidad memorable.
La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.
Albert Einstein

P.D.- Beakman fue una parte que recuerdo con cariño de mi infancia,por lo que su participación es meramente simbólica, mas no crítica.

2 comentarios:

  1. Un buen recorrido crítico por lo que ha sido lo que consideramos ciencia. Me pareció entretenido, con los toques de humor y color necesarios. Excelente, as usual, mi estimado Sergio.

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  2. Una muestra de como cada rama depende de otra ayudaría bastante a la gente. La cosa es que rara vez pasa eso.

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